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El futuro de los omega-3 en acuicultura: Análisis de ácidos grasos por especie acuícola
 
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El futuro de los omega-3 en acuicultura: Análisis de ácidos grasos por especie acuícola  

Los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 de cadena larga (LC-PUFA, por sus siglas en inglés), en particular el ácido docosahexaenoico (DHA) y el ácido eicosapentaenoico (EPA), son nutrientes esenciales tanto para la salud humana como para las especies acuáticas. A medida que se incrementa la producción acuícola a nivel mundial y crece la demanda de alimentos funcionales, se ha intensificado la presión sobre las fuentes tradicionales de omega-3.
  En este artículo se puntualizan los aspectos más relevantes extraídos de un taller internacional celebrado en Escocia en 2023, en el que se examinó el suministro actual y futuro de EPA y DHA, sus funciones biológicas y su aplicación en la nutrición acuícola.

  Fuentes actuales y emergentes de omega-3 LC-PUFA
La producción global de omega-3 continúa dependiendo significativamente de los aceites de pescado (FO, por sus siglas en inglés) derivados de pequeños peces pelágicos. Aunque la producción de FO se ha mantenido relativamente estable en las últimas décadas, el suministro de EPA y DHA experimenta fluctuaciones debido a factores medioambientales, como los fenómenos de El Niño.
  La creciente demanda ha ocasionado un aumento en la volatilidad de los precios en los mercados del FO, lo que ha generado la necesidad de explorar fuentes alternativas. Entre las fuentes emergentes se incluyen: aceites derivados de microalgas, recursos de zooplancton, cultivos de semillas oleaginosas modificados genéticamente y subproductos de la pesca y la acuicultura.
  Entre las opciones evaluadas, los aceites de algas representan actualmente la fuente no marina con mayor éxito comercial. Sin embargo, es pertinente mencionar que los volúmenes de producción siguen siendo mucho menores que los de los FO tradicionales.
  Los ácidos grasos esenciales omega-3 de cadena larga son nutrientes críticos para el correcto desarrollo fisiológico, la salud inmunitaria y la supervivencia de las especies acuáticas cultivadas. Su presencia en las dietas comerciales garantiza que el pescado y los mariscos mantengan su alto valor nutricional para el consumidor humano.   Flujos globales y dinámica del suministro de omega-3 LC-PUFA
El análisis de los sistemas muestra claramente que se han producido pérdidas significativas de EPA y DHA a lo largo de las redes tróficas marinas. Si bien los océanos producen una cantidad significativa de biomasa que contiene ácidos grasos omega-3, una parte considerable de este recurso se disipa mediante procesos biológicos naturales y el desperdicio alimentario humano.
  Como conclusión principal, es importante destacar que la acuicultura desempeña un papel significativo como productora neta de EPA y DHA. Aproximadamente 242,000 toneladas de EPA y DHA se incorporan a los alimentos acuícolas, lo que resulta en la retención de unas 300,000 toneladas en la biomasa de los peces de piscifactoría.
  El estudio subraya el desperdicio de alimentos como una causa significativa de pérdida de nutrientes. Una mayor recuperación y aprovechamiento de los subproductos de la pesca y la acuicultura podría incrementar de manera significativa la disponibilidad global de EPA y DHA. Como se evidencia en las tendencias históricas (Figura 1), el FO ha experimentado una notable transformación, pasando de ser un producto industrial de bajo valor a convertirse en un ingrediente estratégico para los alimentos acuícolas y el consumo humano directo.
    Búsqueda de nuevas fuentes de omega-3 LC-PUFA
La expansión de las fuentes marinas tradicionales se ve restringida por los límites de sostenibilidad de la pesca mundial. En consecuencia, las fuentes alternativas están cobrando cada vez más importancia. Los subproductos del procesamiento del pescado ofrecen un potencial considerable, ya que contienen niveles significativos de EPA y DHA y cuentan con buenas credenciales de sostenibilidad. Entre las principales innovaciones se incluyen:
  Microalgas, en particular Schizo-chytrium, que son ricas en DHA. Canola modificada genéticamente que contiene aproximadamente un 10% de DHA. Camelina modificada genéticamente, capaz de producir más del 25% de EPA y DHA.
  De acuerdo con las investigaciones realizadas, estos aceites alternativos suelen ser bien aceptados por los peces y ofrecen un rendimiento nutricional comparable al de los aceites marinos convencionales.
    Biosíntesis de omega-3
La síntesis de omega-3 está determinada por la acción de un conjunto de enzimas conocidas como desaturasas y elongasas. Estas enzimas efectúan la conversión de los ácidos grasos (FA, por sus siglas en inglés) de menor complejidad en compuestos de cadena más extensa, tales como el EPA y el DHA.
  En términos generales, la mayoría de los animales carecen de las enzimas necesarias para sintetizar de nuevo omega-3. Por lo tanto, su dependencia de fuentes alimentarias es una realidad. Ciertas especies piscícolas presentan la capacidad de convertir FA de cadena más corta en LC-PUFA. Sin embargo, esta capacidad exhibe variaciones significativas entre las distintas especies, lo que contribuye a explicar las diferencias en las necesidades alimentarias.   Metabolismo de los ácidos grasos esenciales y su función fisiológica en peces
Los ácidos grasos esenciales (EFA, por sus siglas en inglés) desempeñan una amplia gama de funciones fisiológicas fundamentales en los peces.
  Entre sus funciones más destacadas se encuentran el apoyo al desarrollo neural, el mantenimiento de la estructura de las membranas celulares, la regulación de los procesos endocrinos, la modulación de las respuestas inmunitarias, la contribución a la osmorregulación y la garantía de una reproducción satisfactoria. La relevancia relativa de dichas funciones fluctúa según las especies y los tejidos, lo que refleja disparidades en la fisiología, el hábitat y las estrategias de ciclo vital.
  De acuerdo con las investigaciones realizadas, se ha comprobado que existe una variación considerable entre las distintas especies de peces en lo que respecta a su capacidad para sintetizar los omega-3 LC-PUFA, EPA y DHA. En términos generales, los peces de agua dulce exhiben una mayor capacidad de elongación y desaturación de los precursores de FA de cadena más corta, lo que les permite sintetizar de manera endógena una parte del EPA y el DHA. En contraste, los peces marinos exhiben una capacidad biosintética más limitada, lo que los hace dependientes en mayor medida de fuentes dietéticas directas de LC-PUFA.   Esencialidad y carencia de ácidos grasos
Es imperativo reconocer las carencias de EFA, ya que estas pueden tener graves consecuencias para la salud y el rendimiento de los peces. Entre los síntomas más comunes se encuentran: reducción de tasas de crecimiento, menor supervivencia, anomalías cardíacas, alteraciones del comportamiento y menor tolerancia al estrés ambiental y al manejo.
  Es pertinente mencionar que las especies marinas tienden a ser más propensas a las deficiencias de EFA en comparación con las especies de agua dulce. Además, es notable como estos organismos a menudo exhiben síntomas de deficiencia de manera más rápida y pronunciada. Estas observaciones subrayan la relevancia de proporcionar fuentes alimenticias apropiadas de omega-3 para promover el funcionamiento fisiológico normal.
  La oferta global de aceite de pescado rico en omega-3 es limitada y proviene principalmente de pesquerías de captura de pequeños pelágicos. El crecimiento acelerado de la acuicultura intensiva genera una presión constante sobre este recurso finito, obligando a un análisis riguroso de su distribución en el mercado global de alimentos.
  Retención y distribución de ácidos grasos esenciales
En términos generales, la composición en FA de los tejidos de los peces refleja la composición de la dieta; sin embargo, algunos tejidos exhiben una retención selectiva de ciertos FA en función de su importancia fisiológica. El DHA, en particular, se acumula preferentemente en el cerebro, la retina, las branquias y otras estructuras del sistema nervioso. Esta retención selectiva indica que el DHA desempeña funciones biológicas fundamentales en dichos tejidos, sugiriendo que mantener concentraciones tisulares adecuadas resulta esencial para un desarrollo neural, sensorial y fisiológico adecuado.
  En lo que respecta al papel de los EFA en la estructura y función celular, el DHA desempeña un papel crucial como componente estructural fundamental de las membranas celulares, especialmente en los tejidos neuronales y visuales. Su estructura molecular única proporciona un equilibrio óptimo entre la flexibilidad y la estabilidad de la membrana, lo cual es necesario para una transmisión neuronal eficiente, el procesamiento visual y la integridad de la membrana. De acuerdo con estudios realizados, es evidente que las dietas deficientes en DHA pueden incidir en funciones conductuales complejas, tales como el comportamiento gregario y el rendimiento alimentario. Este hallazgo subraya la importancia de este FA para el desarrollo y el funcionamiento normales de los peces.
  La demanda de ácidos grasos esenciales varía drásticamente según la especie acuícola y su hábito alimenticio. Los peces carnívoros marinos y los salmónidos exigen perfiles lipídicos más estrictos y concentrados en comparación con especies omnívoras o de agua dulce, liderando el consumo de los inventarios mundiales de omega-3.   El papel de los EFA en la señalización intercelular
Además de sus funciones estructurales, los LC-PUFA actúan como precursores de numerosas moléculas de señalización implicadas en la comunicación celular y la regulación fisiológica. Las variaciones en los niveles de DHA y EPA en la dieta pueden influir en la expresión génica, el metabolismo energético, la síntesis hormonal y múltiples vías celulares. Los LC-PUFA presentes en los fosfolípidos de las membranas celulares, desempeñan un papel importante como sustratos para la producción de diversas moléculas de señalización intercelular, entre las que se incluyen eicosanoides, prostaglandinas, leucotrienos y lipoxinas (Figura 2).     Estos FA también contribuyen a la producción de eicosanoides y otros compuestos reguladores que participan en procesos metabólicos e inflamatorios, lo que amplía su influencia más allá de sus funciones estructurales.   EFA y la función inmunitaria La proporción entre los ácidos grasos omega-6 y omega-3 tiene una gran influencia en las funciones inmunitarias de los peces. Las investigaciones indican que unas proporciones elevadas de omega-6 respecto a omega-3 en la dieta pueden favorecer las respuestas inflamatorias, mientras que el EPA y el DHA suelen ayudar a regular y moderar la inflamación. Además, las diferentes proporciones entre DHA y EPA pueden dar lugar a resultados inmunológicos distintos. Diversos estudios han demostrado que unos niveles adecuados de EPA en la dieta mejoran la resistencia a infecciones virales, infestaciones parasitarias y otros problemas de salud que suelen darse en los sistemas de producción acuícola.
  El desbalance proyectado entre la oferta tradicional y la demanda por especies impulsa la investigación de fuentes alternativas de omega-3 de cadena larga. El uso de aceites vegetales modificados, microalgas ricas en DHA y EPA, y subproductos pesqueros procesados busca sustituir de manera eficiente el aceite de pescado convencional.   EFA en la reproducción
Es preciso señalar la importancia de los omega-3 para garantizar una reproducción satisfactoria en los peces y otros organismos acuáticos. Durante el proceso de maduración gonadal, se produce un movimiento significativo de LC-PUFA hacia los óvulos y los tejidos reproductivos.
  Estos nutrientes favorecen el desarrollo embrionario, el desarrollo neural, la formación del sistema visual y la supervivencia de las larvas. Se han observado efectos similares en los crustáceos, en los que unos niveles adecuados de EPA y ácido araquidónico (ARA, por sus siglas en inglés) en la dieta mejoran el rendimiento reproductivo y aumentan la calidad de la descendencia. Por consiguiente, los EFA son fundamentales no solo para la salud de los adultos, sino también para la producción satisfactoria de las generaciones futuras.   ¿Qué podemos aprender de la nutrición de los mamíferos (humanos)?
La investigación sobre la nutrición humana y de los mamíferos ha aportado valiosos conocimientos sobre las funciones biológicas de los omega-3. De acuerdo con los resultados de diversos estudios, el EPA y el DHA han demostrado su eficacia en la promoción de la salud cardiovascular, la regulación de los procesos inflamatorios, la influencia en las respuestas inmunitarias y la afectación de una amplia gama de vías metabólicas. Un aspecto de suma importancia que se desprende de la investigación con mamíferos es la competencia metabólica entre los FA.
  El uso y los efectos biológicos de un FA suelen depender de la presencia y la abundancia de otros, lo que indica que las necesidades nutricionales no pueden evaluarse de forma aislada. Además, los resultados de las pruebas apuntan a que el EPA y el DHA exhiben funciones biológicas divergentes, lo que subraya la importancia de las proporciones relativas en relación con la concentración total de estos compuestos en la dieta.
  Factores que influyen en los requerimientos nutricionales de EFA
Es importante destacar que las necesidades dietéticas de omega-3 están determinadas por diversos factores biológicos y ambientales. Entre los factores a considerar se incluyen las diferencias entre especies, la etapa de desarrollo, las condiciones ambientales, la temperatura del agua, la composición de la dieta y el estado fisiológico. Teniendo en cuenta la variabilidad de los factores mencionados entre las distintas especies acuícolas y los diversos sistemas de producción, no es posible establecer un único valor de necesidad de forma universal. Por el contrario, las recomendaciones nutricionales deben adaptarse a las necesidades específicas de cada especie y contexto de producción.
  La optimización en el uso de ácidos grasos esenciales es indispensable para mitigar los costos operativos, dado que las fuentes lipídicas representan una porción significativa del valor del alimento. Las estrategias de formulación de precisión permiten cubrir los requerimientos nutricionales exactos por etapa de vida, maximizando la rentabilidad.   Requerimientos nutricionales de salmónidos, peces marinos y camarones
El concepto de requerimiento nutricional abarca tanto una dimensión cualitativa como una cuantitativa. Existe una diferencia sustancial en las necesidades de EFA entre las especies acuícolas, lo que sugiere la importancia de una mayor investigación para comprender mejor estas diferencias. Los salmónidos suelen tolerar niveles más bajos de LC-PUFA en la dieta, ya que conservan cierta capacidad endógena para sintetizar estos compuestos a partir de precursores de cadena más corta.
  En contraste, los peces marinos comúnmente requieren niveles dietéticos más elevados de LC-PUFA debido a su limitada capacidad biosintética. Es importante destacar que los camarones dependen en gran medida de las fuentes dietéticas de EPA, DHA y ARA para promover su crecimiento, supervivencia, rendimiento reproductivo y calidad larvaria. Estas discrepancias, inherentes a las características de cada especie, subrayan la importancia de implementar estrategias nutricionales adaptadas en el ámbito de la acuicultura.   Limitaciones del conocimiento actual sobre la necesidad de EFA
A pesar de décadas de investigación, aún persisten importantes brechas en el conocimiento sobre la nutrición basada en EFA. Con el fin de alcanzar una mayor claridad y precisión, es necesario abordar aspectos significativos relacionados con las funciones biológicas específicas del EPA y el DHA, los requerimientos nutricionales propios de cada etapa de la vida, las interacciones entre los FA y otros nutrientes, el rendimiento de nuevas fuentes de omega-3 y el desarrollo de modelos predictivos para el uso y retención de los FA. Resulta imperativo abordar estas deficiencias en el conocimiento con el fin de optimizar la nutrición en la acuicultura y garantizar el uso sostenible de los recursos de omega-3 en el futuro.   Conclusiones
La viabilidad futura de la acuicultura dependerá en gran medida de la obtención de fuentes fiables de EPA y DHA. Los aceites de pescado tradicionales continuarán siendo relevantes, pero las microalgas, los subproductos pesqueros y los cultivos de semillas oleaginosas modificadas genéticamente se perfilan como alternativas estratégicas para satisfacer la creciente demanda. Tras el análisis de la evidencia, se concluye que los omega-3 LC-PUFA son esenciales para el crecimiento, la función inmunitaria, la reproducción, el desarrollo neural y la salud general de peces y crustáceos. Asimismo, la mejora en la recuperación de subproductos ricos en omega-3 y el aumento de la eficiencia en el uso de nutrientes son oportunidades clave para potenciar la sostenibilidad de los sistemas acuícolas a nivel mundial. Fuente: Panorama Acuícola

Cuando dos tanques en condiciones iguales producen supervivencias larvarias distintas hay que mirar a la microbiota
 
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Cuando dos tanques en condiciones iguales producen supervivencias larvarias distintas hay que mirar a la microbiota  

Dos tanques reciben larvas del mismo lote, utilizan la misma dieta y siguen un protocolo de manejo idéntico. Aun así, uno mantiene una supervivencia aceptable y el otro registra mortalidades elevadas o un crecimiento más irregular. Esta falta de reproducibilidad, frecuente durante las primeras fases de cultivo, no siempre puede atribuirse a la calidad del huevo, la alimentación o un fallo operativo evidente.
  Parte de la comunidad científica sitúa, como parte de la explicación, las relaciones entre las larvas y las comunidades microbianas presentes en el agua y en el propio sistema de producción.
  Durante mucho tiempo, las pérdidas larvarias se han interpretado principalmente como consecuencia de deficiencias nutricionales, mala calidad de los reproductores o infecciones causadas por patógenos reconocibles.
  Sin embargo, estos factores no explican por qué aparecen diferencias importantes entre réplicas que parten de las mismas condiciones. La ciencia plantea que, en muchos casos, el problema puede ser una disbiosis: un desequilibrio de la microbiota que altera sus funciones y favorece interacciones perjudiciales, aunque no se consiga identificar una bacteria causante de una enfermedad concreta.
  Esta perspectiva convierte la microbiota en una variable productiva que debe gestionarse durante todo el proceso larvario. Su composición no permanece fija, sino que puede cambiar significativamente en intervalos de apenas unos días debido tanto a la selección ejercida por el ambiente como a procesos aleatorios de colonización.
  Por ello, desinfectar el agua al inicio del ciclo o añadir un probiótico de forma puntual no garantiza que la comunidad microbiana se mantenga estable hasta la metamorfosis.
  El agua de cultivo desempeña un papel fundamental porque actúa como una fuente continua de microorganismos para las larvas. No obstante, la microbiota de los peces no reproduce exactamente la existente en el tanque: algunos microorganismos consiguen colonizarlos y otros quedan excluidos.
  La abundancia relativa de cada grupo en el agua, la disponibilidad de materia orgánica y las condiciones del sistema influyen en este proceso, lo que ayuda a explicar por qué pequeños cambios ambientales pueden terminar generando resultados biológicos muy diferentes.
La ciencia también cuestiona el principio de que desinfectar más equivale necesariamente a producir mejor. Los tratamientos mediante radiación ultravioleta, ozono u otras tecnologías son necesarios para establecer barreras higiénicas, pero también pueden dejar un sistema con baja densidad microbiana y suficientes nutrientes disponibles para una recolonización rápida.
  Si las primeras bacterias que aprovechan ese espacio son oportunistas de crecimiento acelerado, la desinfección puede desplazar el problema en lugar de resolverlo. La cuestión decisiva no es únicamente cuántos microorganismos se eliminan, sino qué comunidad vuelve a desarrollarse después.
  Los probióticos constituyen otra herramienta con gran interés, aunque sus efectos continúan siendo difíciles de reproducir.
  Algunos ensayos encuentran mejoras en la supervivencia, el crecimiento o la tolerancia al estrés, mientras que otros no detectan beneficios estables. Una de las principales limitaciones es que muchas cepas administradas no logran colonizar de forma duradera a las larvas o desaparecen pocos días después.
  Su eficacia puede depender de la especie, la edad de los animales, la microbiota previa, la tecnología de cultivo y el momento de aplicación.
  Por eso, la posición de la ciencia en esta cuestión es que la gestión microbiana eficaz deberá combinar medidas como desinfección, retirada de materia orgánica, control de la recolonización, biofiltración, estabilización del agua y selección de microorganismos beneficiosos.
  Los sistemas de recirculación y el uso de agua microbiológicamente madura ofrecen resultados prometedores, pero todavía es necesario trasladar la evidencia experimental a protocolos industriales medibles.
  Para los criaderos, el objetivo no consiste en eliminar todos los microorganismos, sino en mantener comunidades estables que reduzcan la probabilidad de disbiosis y hagan más predecible la producción de juveniles. Fuente: misPeces

Avanzando con los piensos funcionales para una nutrición de precisión
 
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Avanzando con los piensos funcionales para una nutrición de precisión  

Los piensos funcionales ganan espacio en acuicultura como una herramienta nutricional para reforzar la salud intestinal, modular la inmunidad y mejorar la resistencia de los peces frente a enfermedades.
  Su desarrollo se apoya en el uso estratégico de aditivos como probióticos, prebióticos, simbióticos, compuestos fitogénicos, derivados de levadura, beta-glucanos, ácidos orgánicos, enzimas o metabolitos de algas.
  Más que actuar como suplementos genéricos, estos ingredientes buscan mejorar funciones concretas del organismo, desde la utilización del alimento y el equilibrio de la microbiota hasta la inmunidad mucosal, la defensa antioxidante y la respuesta frente a patógenos.
  No existe un compuesto que pueda considerarse un aditivo universal. Cada uno actúa de distinta manera.

Los probióticos, se asocian principalmente con la modulación de la microbiota y la exclusión de patógenos; los prebióticos y simbióticos buscan favorecer microorganismos beneficiosos; los beta-glucanos y productos de levadura se relacionan con la inmunoestimulación; los fitogénicos y aceites esenciales pueden aportar actividad antioxidante, antimicrobiana o antiinflamatoria; y los ácidos orgánicos y enzimas se vinculan más directamente con digestibilidad, control microbiano y uso de ingredientes vegetales.
  Además, la respuesta depende de la especie, la fase de cultivo, la dosis, la duración del suministro, la estabilidad durante la fabricación del pienso, la composición de la dieta basal y las condiciones reales de producción.
  Por eso, la mejor estrategia pasa por crear programas funcionales diseñados para problemas concretos: estrés intestinal, dietas con menor contenido de ingredientes marinos, riesgo bacteriano, estrés térmico, baja digestibilidad o necesidad de reforzar la inmunidad en fases sensibles.
  La aplicación comercial todavía está pendiente de más ensayos con curvas dosis-respuesta, mejor caracterización de los productos, validación en condiciones de granja y análisis económico.

Los aditivos pueden mejorar marcadores inmunitarios en laboratorio, pero su verdadero valor está en ver si a nivel de granja reduce mortalidades, mejora la conversión alimenticia, aumenta la supervivencia o disminuye costes sanitarios.
  Además, hay que ser prudentes pues los piensos funcionales no sustituyen la bioseguridad, la vacunación, la calidad del agua ni el manejo sanitario.
  Son una herramienta más dentro de estrategias de nutrición de precisión, con objetivos productivos medibles y adaptadas a cada especie y sistema de cultivo. Fuente: misPeces

Extractos naturales: el futuro sostenible de la acuicultura de la dorada
 
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Extractos naturales: el futuro sostenible de la acuicultura de la dorada  

En las últimas dos décadas, la industria ha sustituido los ingredientes marinos tradicionales por materias primas de origen vegetal. Sin embargo, esta transición ha elevado la huella de carbono y ha afectado la salud de los peces debido a factores antinutricionales y desequilibrios de aminoácidos.
  Para mitigar este impacto, los aditivos funcionales emergen como una estrategia clave. Bajo el enfoque de «Una Sola Salud» (One Health) y la economía circular, la valorización de subproductos agroindustriales y de biomasa marina de bajo valor ofrece una doble oportunidad: reducir residuos y fortalecer la resiliencia de las especies cultivadas.
  Un reciente estudio realizado por científicos del Grupo de Investigación en Acuicultura (GIA) del Instituto Universitario ECOAQUA de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en colaboración con el IRTA, el CTICH y la empresa PTAqua, evaluó el potencial antioxidante, bactericida e inmunomodulatorio de nueve extractos naturales en leucocitos de dorada (Sparus aurata). Los resultados, publicados en la revista Frontiers in Marine Science, abren una vía prometedora para el desarrollo de alimentos funcionales más sostenibles.   Evaluación de la bioactividad celular mediante metodologías NAMs
Con el fin de cumplir con el principio de las 3R (Reemplazar, Reducir y Refinar el uso de animales en la ciencia), la investigación empleó metodologías de nuevos enfoques (New Approach Methodologies o NAMs), utilizando avanzadas técnicas in vitro y ex vivo.
  Los investigadores seleccionaron y analizaron nueve extractos obtenidos mediante tecnología de extracción con líquidos presurizados, divididos en dos bloques:
  Extractos Terrestres (TE): Dos variantes de corteza de granada (Punica granatum): una rica en punicalagina (PG) y otra en ácido elágico (EA).

Un extracto de cítricos rico en flavonoides (CF).
Un extracto de semilla de uva (GS).
  Extractos Marinos (ME): Microalgas: Rhodomonas lens (RH) y Desmodesmus sp. (DE).

Macroalgas: Osmundea pinnatifida (OS), Gracilaria sp. (GR) y Dictyota sp. (DI).
Para determinar su eficacia, estos compuestos fueron probados en leucocitos del riñón cefálico aislados de doradas. Durante los ensayos, se evaluaron parámetros críticos de salud celular como la citotoxicidad, la explosión respiratoria, la actividad fagocítica y la actividad de la peroxidasa.   Capacidad antioxidante y perfil químico de los extractos
El análisis químico determinó que los extractos terrestres presentan niveles significativamente más altos de compuestos fenólicos y flavonoides en comparación con los de origen marino. Asimismo, las pruebas de antioxidantes revelaron dinámicas diferenciadas debido a las variaciones metodológicas de cada ensayo:
  El extracto de semilla de uva (GS) sobresalió en el ensayo ABTS (capacidad de captación de radicales), mientras que los derivados de la granada (PG y EA) encabezaron los resultados en el ensayo FRAP (poder reductor férrico).
  Dentro del grupo marino, la microalga Rhodomonas lens (RH) exhibió la mayor potencia antioxidante. Lo destacable es que logró este rendimiento a pesar de no poseer el mayor contenido de fenoles, lo que sugiere una acción altamente beneficiosa de sus péptidos y lípidos bioactivos.   El poder antibacteriano frente a patógenos de la acuicultura
La actividad antibacteriana del estudio se evaluó contra tres patógenos Gram-negativos de alto impacto en la producción acuícola: Vibrio anguillarum, Vibrio harveyi y Photobacterium damselae subsp. piscicida.
  Los extractos de granada (PG y EA) resultaron ser los más efectivos al registrar las Concentraciones Mínimas Inhibitorias (MIC) más bajas. Por ejemplo, el extracto rico en punicalagina inhibió el crecimiento de Photobacterium damselae con apenas 0.047 mg/mL. Por el contrario, los extractos marinos requirieron dosis significativamente más elevadas para mostrar efectos inhibidores (algunas superiores a 24 o 48 mg/mL), un rango común para compuestos algales no purificados.
  La relevancia de este hallazgo es considerable. La industria acuícola busca desde hace años alternativas sostenibles que permitan disminuir la dependencia de los antibióticos, cuyo uso indiscriminado favorece la aparición de resistencias bacterianas.
  Aunque los investigadores advierten que aún son necesarios estudios in vivo antes de su aplicación comercial, los datos obtenidos sugieren que estos extractos naturales podrían integrarse con éxito en las futuras estrategias preventivas de la piscicultura.   Efectos en las células inmunitarias: el dilema de la dosis
El análisis celular en los leucocitos arrojó interacciones complejas que resultan cruciales para el desarrollo de alimentos funcionales:
  Citotoxicidad
La tolerancia celular varió significativamente según el compuesto. El extracto de granada rico en ácido elágico (EA) mostró toxicidad celular a partir de 1 µg/mL, mientras que el rico en punicalagina (PG) solo evidenció efectos adversos en la dosis más alta (100 µg/mL). Entre los recursos marinos, Gracilaria sp. redujo con fuerza la viabilidad celular incluso en dosis bajas, posiblemente debido a los efectos inductores de apoptosis del ácido palmítico. En contraste, Rhodomonas lens y Osmundea pinnatifida no generaron toxicidad en ninguna de las concentraciones evaluadas.
  Actividad fagocítica e inmunomodulación
La fagocitosis constituye una primera línea de defensa vital. Los extractos de granada (PG) y de cítricos (CF) estimularon de manera bifásica la actividad de los macrófagos en dosis moderadas. En cuanto a los extractos marinos, Rhodomonas lens estimuló la fagocitosis de forma dependiente de la dosis. Asimismo, las algas rojas Osmundea pinnatifida y Gracilaria sp. provocaron una estimulación en la explosión respiratoria basal, lo que se asocia a la presencia de polisacáridos sulfatados marinos que las células reconocen como patrones moleculares asociados a patógenos (PAMPs).
  Actividad de la peroxidasa
En este parámetro se identificaron dos tendencias claras: todos los extractos terrestres redujeron la actividad de la peroxidasa a medida que aumentaba la dosis. Por el contrario, los extractos marinos (salvo RH) estimularon significativamente esta enzima inmune. Esto reafirma que los compuestos de origen marino actúan como potentes activadores del estado inmunológico de los leucocitos.   Hacia dietas comerciales más equilibradas: el valor de la sinergia
Este estudio demuestra que, si bien las mezclas crudas de subproductos poseen una enorme riqueza funcional, su aplicación directa presenta limitaciones. Debido a que las dosis necesarias para lograr una acción bactericida eficaz a veces rozan los umbrales de toxicidad celular, el éxito de las futuras formulaciones radicará en el equilibrio exacto.
  Los autores concluyen que las marcadas diferencias entre los perfiles bioactivos terrestres (potentes antioxidantes y bactericidas) y marinos (excelentes inmunomoduladores) abren la puerta a estrategias de combinación. Una de las hipótesis más prometedoras es que ambos recursos actúen de forma complementaria: los extractos terrestres aportando protección antibacteriana, mientras que los marinos refuerzan las defensas inmunitarias.
  El siguiente gran reto de la industria será desarrollar ensayos in vivo para comprobar si estos efectos de laboratorio se mantienen en condiciones de cultivo reales, determinando qué combinaciones y dosis generan un efecto sinérgico que potencie la salud de la dorada (Sparus aurata) sin comprometer su seguridad fisiológica. Fuente: AQUAHOY

Referencia 
Molina-Roque L, Acosta F, Izquierdo M, Saromines CJ, Grifoll V, Docando J, Montero D and Torrecillas S (2026) Antioxidant, antibacterial, and immunostimulatory potentials of terrestrial and marine extracts from by-products and low-value biomass: an ex vivo study in gilthead seabream (Sparus aurata) head kidney leukocytes. Front. Mar. Sci. 13:1816745. doi: 10.3389/fmars.2026.1816745

Informe cuestiona el papel de la harina de insecto en piensos acuícolas
 
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Informe cuestiona el papel de la harina de insecto en piensos acuícolas  

La harina de insecto se ha presentado durante la última década como una de las alternativas más prometedoras para reducir la dependencia de la harina de pescado y de algunas materias primas vegetales en los piensos acuícolas. Sin embargo, un nuevo informe del Stockholm Environment Institute (SEI) introduce una lectura más prudente sobre su papel dentro de la transición hacia proteínas más sostenibles.
  El informe, titulado Rethinking insects as alternative protein, analiza la producción comercial de insectos en países de renta alta del hemisferio norte y concluye que el sector 'frecuentemente se queda por debajo de su promesa teórica' cuando se evalúan sus impactos ambientales, su escalabilidad y sus efectos indirectos sobre los sistemas ganaderos y acuícolas.
  La cuestión, según el documento, no es si los insectos pueden ser útiles, sino bajo qué condiciones lo son realmente.
Según el informe, las evaluaciones de ciclo de vida muestran una gran variabilidad. En climas templados, las emisiones asociadas a la producción de insectos pueden situarse entre 3 y 35,5 kg de CO₂ equivalente por kilogramo de proteína, con una mediana aproximada de 13,5 kg de CO₂ equivalente.
  Aunque estos valores son inferiores a los de la carne de vacuno, el informe subraya que, en piensos acuícolas, la comparación más relevante no siempre es con la carne, sino con ingredientes como la soja o la harina de pescado.
  Especies como la mosca soldado negra o el gusano de la harina presentan interés por su eficiencia biológica, su ciclo de vida rápido y su capacidad para transformar determinados flujos orgánicos en proteína.
  Sin embargo, las ventajas no son automáticas ya que dependen del tipo de sustrato, la energía consumida y el ingrediente realmente sustituido.
  El documento advierte que cualquier posible ventaja como ingredientes en piensos acuícolas no es automática y depende de la especie de insector.
  Una evaluación reciente citada en el informe para piensos en Reino Unido estima que la harina de insecto puede presentar un impacto climático de 12,9 a 30,1 kg de CO₂ equivalente por kilogramo de proteína, entre 5,7 y 13,5 veces superior al de la harina de soja y entre 1,8 y 4,2 veces superior al de la harina de pescado en los escenarios analizados.
  La energía utilizada en el proceso de crianza, alimentación, procesado en materia prima y secado es otro factor clave a tener en cuenta. Por ello, la harina de insecto puede tener sentido como ingrediente funcional o complementario, pero no necesariamente como sustituto masivo y ambientalmente superior de la harina de pescado o de la soja.
  También se debe seguir avanzando en bioseguridad, biodiversidad y bienestar animal.
  En definitiva, el informe considera que la sostenibilidad de la harina de insecto debe evaluarse caso por caso y deben demostrar precio, escala, trazabilidad y resultados medibles en granja. Fuente: misPeces
Sobre el Stockholm Environment Institute
El Stockholm Environment Institute (SEI) es un instituto internacional de investigación sin ánimo de lucro especializado en clima, medio ambiente y desarrollo sostenible. Con sede principal en Estocolmo y centros en distintas regiones del mundo, trabaja en la generación de conocimiento, herramientas y capacidades para apoyar la toma de decisiones públicas y privadas en materia de sostenibilidad.